22.5.09

Mucho antes de lo esperado

Por sorpresa encuentro la versión zombi de "La casa de Bernarda Alba". Pensarán mis queridos seguidores que huí en el acto ante la contemplación de semejante despropósito. En efecto, tal fue mi intención inicial. Sin embargo, tal vez por pura atracción morbosa, tal vez por la calidad del sello que la edita, comencé a ojear las páginas de este breve volumen. Pues bien, cuál sería mi sorpresa al encontrar, ya no la zafia versión que en ocasiones semejantes se ha llevado a cabo. En contra del pastoso pastiche que esperaba, encontré de pronto entre mis manos un fascinante estudio que ilumina aspecto inéditos de una obra que creí haber leído en su día y no había leído jamás.

Todavía tengo que reflexionar más y consultar algunas notas para dedicar a esta nueva revelación el espacio que se merece. Les dejo por ahora el link para que juzguen ustedes mismos la verdad de mis palabras


http://rapidshare.com/files/236033227/la_casa_de_bernarda_alba_zombi.pdf

¿La Casa de Bernarda Alba Zombi?


Rumores insistentes apuntan a la salida inminente de "La casa de Bernarda Alba Zombi". Dichos rumores sugieren que la aparición de esta obra traerá consigo novedosísimos descubrimientos filológicos, sesudos argumentos literarios y sangre, mucha sangre.
Esta es la portada.

23.3.09

Boxeo en la edad antigua

Hay todo un espacio de tiempo entre la aparición del boxeo y el primer revés serio en el devenir de su historia. Si uno no gusta de la palabra revés puede usarse la forma "giro brusco de los acontecimientos", siempre y cuando seamos conscientes de que con ello estaremos declarando una filiación política, una razón de fe, una genealogía ideológica y varias concepciones filosóficas de las que muy probablemente no hayamos oído hablar nunca y que amenazarán en adelante con revelársenos como absolutamente esenciales para entender el sentido de cada una de nuestra palabras.

Hasta la aparición del cristianismo, la evolución de los usos pugilísticos siguió una linea relativamente regular. El famoso "ojo por ojo y diente por diente" se ha considerado durante mucho tiempo el primer reglamento de la historia. Durante años los hombres lo siguieron a rajatabla, y no sólo en asuntos de boxeo. Es obvio pués por qué los primeros dentistas no surgieron hasta mucho tiempo después o mejor dicho, sólo se atrevieron a dar la cara transcurridos varios siglos. En los años del "ojo por ojo" existían ya precarios profesionales de la odontología, sólo que por aquella época trabajaban con la cara cubierta y preferentemente de noche para no ser reconocidos. Asaltaban a sus pacientes en los caminos y les extraían las piezas dañadas. La operación, a menudo, terminaba con el paciente inconsciente, por lo que los dentistas tenían que echar mano a la bolsa de éste para cobrar sus servicios. Como llevaban a cabo su labor durante la noche los errores eran frecuentes y muchos dentistas se cobraban cantidades superiores a las pactadas por el sindicato. En el año 250 a. de C. el colegio de odontólogos de Alejandría discutió si sus miembros debían o no abandonar la clandestinidad. La discusión se enconó tanto que finalmente provocó un cisma y el colegio de odontólogos se dividió entre los que optaron por sacar a la luz sus actividades (estos fueron los primeros bandoleros) y los dentistas, que prefirieron seguir en la clandestinidad trescientos años más.

Siguieron ocultos, de hecho, hasta que Jesús pronunció su famosa idea sobre poner la otra mejilla, propuesta que, a la postre, significaría la derogación, oficiosa de la máxima del "ojo por ojo".

Lo que sigue, tengo que avisarlo, es un poco largo, pero necesario para entender el contexto histórico.

Por aquellos tiempos, más o menos, y hasta la implantación de las ideas judaico-cristianas, la tradición occidental venía conociéndose como "imperio romano". Los romanos, en realidad, se lo habían copiado casi todo a los griegos, al menos las partes más ingeniosas. El asunto de la filosofía no les entusiasmó demasiado, pero, a cambio, se pirraron por la ingeniería y las leyes. Entre robo cultural y robo cultural a los romanos les quedó tiempo para conquistar media Europa y también grecia enterita. Esto último a los griegos no les gustó nada, así que se prometieron unos a otros que, en adelante, mirarían a los romanos por encima del hombro. Algunos cronistas dicen que un griego muy bajito, incapaz de mirar a ningún romano por encima del hombro, pidió permiso para mirarlo por debajo del tronco y que ese es el origen de cierto chiste soez que ha llegado hasta nuestros días. Un griego podía ser esclavo de un romano y darse unos aires de cuidado por la única razón de que era griego. Los griegos tenían varias ventajas respecto a los romanos, entre ellas que tenían a los dioses muy a mano, en el monte Olimpo, mientras que en el caso de los romanos la cosa no estaba nada clara.

Júpiter, como todo el mundo sabe, es el equivalente del Zeus latino. El nombre procede de la unión de Iovis (que significa padre) y pater (que también significa padre) lo cual para los griegos resultaba inaceptable. Además, como no tenían ningún olimpo a mano, los romanos habían concluido que Iovis pater vivía simplemente en los cielos, que no se sabe muy bien por dónde están pero sí se sabe con seguridad donde no están (es decir, en Grecia). Esto para los griegos resultaba más inaceptable todavía, no sólo porque implicaba perder la patria potestad sobre su Dios (y su panteón al completo), sino porque sus mejores cerebros habían meditado muy seriamente la cuestión y habían llegado a la conclusión de que más allá del suelo que pisaban podía haber muchas cosas, como por ejemplo huevos, esferas en movimiento, ancianos emasculados, tortugas, animales formidables, estrellas fijas, gases polémicos... pero no un Dios máximo, desde luego. El razonamiento de los griegos, hay que reconocerlo, tenía bastante sentido, porque después de mucho meditar sobre los cielos y los dioses sus mentes más luminosas habían llegado a dos conclusiones: que los cielos podían ser misteriosos, mágicos, sublimes y hasta eternos, pero, desde luego, no son un lugar divertido; y que los dioses, de haberlos (algunos griegos no las tenían todas consigo) jamás se resignarían a vivir en un lugar así, sin una mala ninfa, princesa o vestal a la que echarle el diente (lo del diente es un decir).

Ahora que ya nos hemos hecho una idea de lo que en esencia es el contexto histórico de la época volvamos a Jesús y su famosa frase. La historia oficial es conocida, pero algunos textos apócrifos sugieren versiones distintas. Uno de ellos afirma que, tras oir la sentencia de Jesús, uno de los presentes -un griego, además- le planteó al maestro si el cumplimiento estricto de la ley no podría derivar en un bucle infinito de bofetadas. Explicó al maestro y los discípulos presentes que si la bofetada en la mejilla A da paso a la bofetada en la mejilla B cabe la posibilidad de que la mejilla B, al recibir la bofetada, pase a convertirse en mejilla A (pues su verdadera esencia como mejilla A es ser abofeteada) y por tanto exija a su vez una nueva mejilla B a la que abofetear.

Incluso los que defienden la verdad histórica de esta anécdota difieren notablemente de la reacción de Jesús. Hay un acuerdo general en considerar que Cristo se pasó sus buenos tres o cuatro minutos mirando atónito al griego, intentando llegar a la conclusión de si hablaba en serio o no. A partir de aquí, unos se inclinan por opinar que lo siguiente que hizo Jesús fue abofetear al griego, pero esta no es la opinión mayoritaria. La mayoría se inclinan por suponer que Jesús prefirió evitar las mejillas, para no ahondar en la polémica, y respondió con una precisa patada testicular o una tunda de palos en el espinazo.

En los primeros años del cristianismo la anécdota de la respuesta de Jesús al griego circulaba de forma clandestina entre los romanos. No se incorporó a los evangelios, pero era muy común su inclusión en pequeños libritos recopilatorios que pasaban de mano en mano con el título "Los mejores y más escacharrantes momentos del hijo de Dios". Estos libros dieron gran popularidad al cristianismo. Hoy se tiende a olvidar que los primeros cristianos se acercaron a la nueva doctrina movidos fundamentalmente por razones humorísticas. También les resultaba muy atractivo el hecho de que la mayoría de esos "momentos escacharrantes" tenían como tema la burla de Jesús hacia algún griegos de los que, recordemos, los romanos estaban un poco cansaditos por sus aires de superioridad.
Otro grupo social, los dentistas se unieron con entusiasmo a la doctrina cristiana, cuando se dieron cuenta de que la famosa "poned la otra mejilla" tenía un efecto demoledor sobre la ley del talión, lo cual les daría en adelante la oportunidad de extraer piezas dentales sin que el cliente intentase cobrar las suyas a su vez.
Odontólogos y graciosos formaron así los dos grandes puntales del cristianismo primitivo. Esta base social resulta bastante ancha, dado que son dos grupos que, por decirlo de algún modo, representan polos opuestos del espectro social, como sabrá cualquiera que haya reparado en que no hay dentistas graciosos ni graciosos dentistas.
Si a ello unimos las burlas a los griegos y el hecho de que el cristianismo acababa definitivamente con la posibilidad de que la patria de los Dioses estuviese en Grecia, podemos entender el fulgurante éxito del cristianismo en la sociedad romana.

De cómo la cristianización afectó al desarrollo del boxeo hablaremos en una próxima entrada titulada "Boxeo y patrística"

21.2.09

Amon-Pieth (II) La entrevista

La entrevista a Amon-Pieth sigue siendo una referencia para el periodismo. Para el periodismo deportivo, en primera instancia, pero también para el periodismo en general, pues el anónimo entrevistador (aunque muchos sugieren que podría tratarse del mismísimo Pu-el-Itzer)tiene la habilidad de componer un relato a través de las preguntas: ora guiando, ora conduciendo, ora imponiendo una dirección y una lógica allá donde el entrevistado bien pudiera confundirse.

El análisis de las cualidades entrevistadoras de este genio desconocido de las letras bien merecería una entrada distinta que tal vez llegue y tal vez no. Ahora quedémonos sin más dilación con este texto que, como ya señalamos en la entrada anterior, constituye el documento fundacional de la entrevista deportiva.

Amon-Pieth hace una aparición discreta en la taberna en la que se ha concertado la entrevista. Físicamente resulta mucho más imponente que en los dibujos que había visto de él, aunque es verdad que las leyes de frontalidad de nuestro arte tienden más a una representación esquemática de conceptos que a una reproducción, digamos fenomenológica de la realidad. El noúmeno forzudo se sienta y pide una jarra de cerveza, que, como sabemos, es invención de los egipcios. Posee un rostro que sería incluso bello si la mandíbula inferior no se saliese horriblemente hasta darle la apariencia de un primate, y no de los más inteligentes. El cuello le nace a la altura de los hombros y termina en algún lugar indefinido sobre las orejas. Se le nota discreto, seguro de sus posibilidades, y tal vez por ello no se siente en la necesidad de hacer alarde de su fuerza, aunque, cuando la camarera se acerca no puede reprimir el impulso de asirla por el cinturón y levantarla varias veces a modo de mancuerna. En ese momento todos reparan en él. Montones de cabezas se giran, muy pegadas a sus respectivos cuellos, y comienza a circular el secreto: el campeón está en el local. El rumor se extiende por la sala igual que el humo negro de la leña verde. Extiendo mi papiro para hacerle ver que estoy en disposición de comenzar la entrevista.

Entrevistador: Buenos días, oh, tú, Amon-Pieth, de anchas espaldas y pecho palomo, escogido de los dioses.

Amon-Pieth:Buenos días plumilla.

Entr: Vayamos al grano oh, Amon-Pieth. Sobre tu próximo combate has comentado hace bien poco tus sanas intenciones de arrancar el intestino de tu adversario y usarlo para tejer una bufanda con el que adornar tu poderoso cuello.

A.P:Algo así, sí, pero es sólo una idea. Lo que se me ocurrió en ese momento. Evidentemente no voy a desvelar mi táctica antes del combate y, además, me gusta adaptarme a la situación. Quiero decir, hay muchos otros órganos que podría arrancar.

Entr:
¿Te has planteado la posibilidad de que tu rival intente defenderse?

A.P: Mi entrenador me ha advertido sobre ello.

Entr
: ¿Te sientes sólo sobre el ring?

A.P: Bueno, verás, en alguna ocasión mi contrincante ha escapado antes del combate y... sí, en esas ocasiones, me he sentido sólo, aunque, claro, son ocasiones en las que realmente no hay nadie más en el ring así que, técnicamente estoy sólo. Luego hay otras veces, cuando mi rival se cae de la lona. Se caen a menudo ¿sabes?. Un amigo mío médico me dijo una vez que se marean por no sé qué asuntos de pérdida de sangre. Entonces también me siento sólo. Claro que puede ser porque realmente también estoy solo en el ring en esos momentos. Cuando te dedicas a atizarle profesionalmente a la gente sabes que te vas a sentir sólo de vez en cuando, pero ¡qué le voy a hacer! me encanta mi trabajo. Y mi trabajo es golpear a la gente.

Entr: Bueno, siempre está el árbitro para hacerte compañía

A.P: A veces también me gusta pegarle al árbitro. Lo hice una vez, mitad por accidente y mitad por aburrimiento, y el público se volvió loco. Desde entonces celebro cuando gano algún combate importante atizándole al árbitro. A mis fans les encanta.

Entr: ¿Y no te da miedo que los árbitros te perjudiquen a posta para evitar que ganes?

A.P: Hasta ahora no ha pasado. Creo que piensan "Caray, si nos zurra cuando gana, imagínate qué nos hará si le hacemos perder" Son chicos listos.

Entr: Amon-Pieth, gran guerrero. ¿Me permites mirar en tu interior? Al público le interesa saber más de tu niño interior.

A.P: No te ofendas, plumilla pero creo que el público va a los combates a ver a la bestia de dos metros que llevo por fuera.

Entr: ¿Acaso no resulta en ocasiones más doloroso golpear que ser golpeado?

A.P.: ¿Es que eres idiota?

Entr: ¿Cuál es tu color preferido?

A.P. En serio, déjalo.

El resto del pergamino es ilegible, pues está estropeado por unas extrañas manchas rojas que lo hacen indescifrable. En cualquier caso, parece que la entrevista no se extendió mucho más. Se aprecia una larga serie de preguntas que el entrevistador debía llevar preparadas, pero sólo dos o tres tienen respuestas de Amon-Pieth. De la última pregunta contestada se sabe que incluye la palabra "homosexual".


15.2.09

Amon-Pieth (I)

Estimados seguidores,

Tendréis que disculpar mi retraso en actualizar las páginas de este blog. Son muchas las razones, aunque no vienen al caso, que me han impedido volver a estas páginas para saciar vuestra curiosidad. Finalmente me he resignado, pues sé que estas lineas, que a mí tan poco me cuestan, dulcifican vuestras vidas como el más selecto manjar.

El retraso bien pudiera deberse además a la necesidad de igualar la calidad de la entrada anterior. Tarea dificil, en verdad, puesto que en ella se aunaban al tiempo la habitual exuberancia de mi verbo con la historia más conmovedora que he tenido ocasión de contar en estas páginas virtuales. Tal vez sea pues el respeto que la grandeza de la historia de Schmeling me inspiraba lo que no me permitía volver a estas páginas sin encontrar una excusa de grandeza similar.

Así pues, no he podido volver a este foro sin sentar las dos bases que me permitirán igualar el trabajo de anteriores empresas. La primera, esa excusa que comentaba y que ha de tomar el cuerpo de una trama apasionante. La segunda, mi relativo desconocimiento de la misma, y que me recuerda aquella frase de Maurois en la que señala que no hay mejor medio de salir airoso de una conversación dificil que acudir a ella sin preparación alguna

La antigüedad nos ha legado algunos nombres que, según los expertos, bien podrían ser las mitificaciones de luchadores legendarios. Aquiles, Sansón o el propio Hércules serían, en opinión de ciertos autores, el nombre mítico de uno o más luchadores, los primeros en dejar una impronta en el imaginario de los aficionados antiguos. Sin embargo hay un luchador que ha quedado a medio camino entre la leyenda y la realidad. Probablemente la primera estrella del boxeo del que ha quedado constancia en los documentos, probablemente también la primera gran estrella del deporte. Su nombre era Amonpieth o Amon-Pieth, que traducido sería algo así como "El que te puede mandar al sol de una patada en el trasero", y, como digo, no es fácil separar en él lo real de la ficción. Su mismo nombre está ungido de leyenda, pues se especula que pudiera pertenecer a cierta extraña secta adoradora de traseros.
Esta secta, cuyo nombre desconocemos, suponía que el trasero era la parte más sagrada del hombre pues es la única parte del cuerpo cuya función es esencialmente purificadora. Las dos funciones esenciales del trasero, sentarse y descargar el vientre, están efectivamente destinadas al alivio del cuerpo. Los miembros de esta secta suponían, no sin cierta lógica, que el viaje a la letrina (y su evolución superior, el váter, que ellos construyeron por primera vez) era la parte más sagrada de la vida de un hombre, por lo cual desarrollaron la costumbre de pasar largas horas sentados leyendo versos rituales en busca de un estado de suspensión psíquica semejante al nirvana. Esta costumbre todavía se mantiene, aunque distorsionada, en muchos pueblos de hoy.

Hoy tenemos una certeza total de la existencia histórica de Amonpieth. Se conservan referencias de historiadores de la época y, lo más importante, se conserva la primera entrevista de la historia, conservada casi íntegramente. Este documento es prácticamente desconocido. Algunos incluso dudan de su existencia, pero este que escribe no duda, y no duda porque lo tiene encima de la mesa, coloreado por la luz de una vela que lame en sus curvas destellos de luz anaranjada. Es un documento extraño que no sólo funda la entrevista como género, sino también el concepto de "estrella deportiva"

Antes de pasar a la entrevista en sí conviene hacer un pequeño boceto histórico.Como puede ser demasiado extenso colocaremos en una entrada posterior la entrevista de Amon-Pieth.

Antef II fue faraón de Egipto durante el siglo XX a de C. Su reinado se caracterizó fundamentalmente por sus intentos de reunificación del imperio y por la gran cosecha de papiro que se produjo, según todos los indicios, casi al final de su reinado. Dicha cosecha provocó que los almacenes se saturasen. Ante el riesgo de que el papiro que no podía albergarse en los almacenes llegara a pudrirse y también para paliar la fortísima bajada de precios resultante, dos hombres llegaron por caminos distintos a la misma idea. Lanzar publicaciones periódicas para informar al público de los aspectos más interesantes de la actualidad Egipcia. Naturalmente, en aquella época no había todavía sistemas de impresión que permitiesen la fabricación industrial de documentos. Ante este problema dos pioneros editores afrontaron el problema con ingeniosas y divergentes soluciones que los convirtieron en rivales.

Ra-Herst, el primero de ellos, se decidió por un original sistema, similar en cierto modo al nickelodeon que Edison inventó muchos siglos después. Mandaba copiar un par de docenas de ejemplares de sus periódicos y los distribuía en cajas cerradas por las ciudades. A cambio de una moneda los lectores tenían el derecho de meter la cabeza en la caja, que estaba iluminada por velas, y disfrutar de las noticias de Ra-Herst. Junto a cada caja había un empleado de Ra-Herst con un reloj de arena y un cuchillo largo y curvo -al que el populacho apodaba con una palabra extraña que podríamos traducir con algo parecido al "Herstometro"-. Este empleado se aseguraba de que los lectores no sobrepasasen el tiempo acordado. Si algún lector intentaba sobrepasar el tiempo de lectura se le indicaba amablemente la conveniencia de abonar una segunda moneda -aunque en realidad no se trataba de monedas, puesto que estas no aparecieron hasta el siglo VI a de C-. Si aún así el lector se hacía el remolón o se negaba a pagar el empleado daba un segundo aviso, este un poco más radical, cortándole el pescuezo. La caja de Ra-Herst disponía además de una ingeniosa trampilla para extraer las cabezas de los usureros y dejar la caja libre para el siguiente lector. El papiro se protegía con un plano inclinado de cristal que evitaba que el material se estropease.

Pu-el-Itzer, el otro gran pionero editorial egipcio, fue quien ideó el sistema que popularizó la prensa por primera vez en la historia y creó las primeras estrellas del deporte, como nuestro Amon-Pieth. Construyó locales a modo de teatrillos en los que las noticias eran leídas e incluso, en el caso de las más importantes, representadas por actores. El sistema de Pu-el-Itzer se hizo muy popular, porque su precio era más reducido, pero también porque a diferencia del de Ra-Hertz, presentaba la ventaja de que no era potencialmente mortal.

El repertorio de noticias de Pu-el-Itzer, como el de Ra-Herst, era bastante limitado. En la época las polémicas políticas estaban muy vigiladas y se demostró que ya por entonces los editores, igual que los lectores, preferían las noticias cuya publicación no conllevase el riesgo de una muerte atroz. Así se estableció una de las primeras reglas de la publicidad, que ha quedado vigente hasta el día de hoy, y que señala que los consumidores tienden a inclinarse por productos poco o nada ligados a la muerte. Una muestra de esta ley es la desafortunada similitud del payaso de cierta cadena de restaurantes con el personaje de una conocida película. Similitud subrayada durante años por un slogan inquietante, tal y como vemos en la imagen de abajo.A la izquierda vemos al conocido payaso de It, a la derecha el famoso payaso-mascota en una imagen de su primer spot publicitario. En el centro los dos arcos, imagen de la marca, tienden puentes inquietantes entre ambas instantaneas.
El payaso en cuestión ha sido prácticamente eliminado de la imagen de la marca.